Cada año, alrededor de 1 millón de personas menores de 20 años mueren a causa de enfermedades, que con el acceso adecuado a atención sanitaria podrían tratarse o prevenirse eficazmente. Estas condiciones, muchas veces asociadas a factores genéticos, metabólicos o ambientales, desafían los sistemas de salud globales y subrayan la urgencia de una respuesta más robusta que garantice la dignidad de los niños, el acceso a cuidados paliativos y protección integral para los más vulnerables.
Este febrero, el Santo Padre invita a toda la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por los niños que viven situaciones de sufrimiento y fragilidad extrema, así como por sus familias y por quienes los cuidan.
El Santo Padre pide que nunca les falte una “atención médica adecuada, el cuidado humano y cercano, y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor”. Asimismo, encomienda a las familias, que se puedan sostener en la esperanza y a los médicos, enfermeros y cuidadores, para que su servicio sea siempre expresión de compasión activa, paciencia y ternura.


